La perspectiva Latinoamericana: Una conversación con Juan Pablo Uribe, ex-ministro de Salud de Colombia

El mundialmente famoso coronavirus llegó por primera vez a Latinoamérica el 26 de febrero, cuando Brasil confirmó su primer caso. Un mes después de que EE.UU confirmará su primer contagio el 20 de enero, y Europa el 24 de enero. Aunque fuera el primer caso identificado, es poco probable que un continente entero y sus vecinos no fueran afectados por un mes entero. El coronavirus puede llegar a impactar a Latinoamérica de una manera desproporcionada ya que todos los países, a excepción de Chile, son países que se siguen desarrollando. Por esta razón, OCA se reunió con Juan Pablo Uribe, ex Ministro de Salud de Colombia para discutir cómo está América Latina y se puede ver afectada.

IC: ¿Cómo ha visto el manejo de la crisis del coronavirus en América Latina, y en Colombia?

JPU: El manejo ha sido un poco dispar. Alguno países tomaron lecciones aprendidas de Asia y de Europa y lograron moverse rápido con medidas efectivas para controlar una explosion de contagios. Entre ellos podemos citar a Chile, Colombia, Costa Rica. Al mismo tiempo, otros países optaron por no aprovechar ese tiempo y tomaron otro camino y entre estos se destacan Brasil y México en particular. Pero en conclusión la respuesta ha sido heterogénea, a pesar de que todos los países tuvieran el mismo tiempo para aprender  de aquellos que ya se estaban enfrentando la pandemia.

IC: En su criterio, ¿qué tiene que hacer Colombia en los próximos seis meses para reactivar la economía y aplanar la curva a la vez?

JPU: Yo creo que no se ha entendido muy bien qué quiere decir eso de aplanar la curva, ni cuál curva porque estos son modelos matemáticos. Yo creo que el objetivo de todo país debe ser tener el menor número posible de casos mortales sin que le moleste tener un número alto de contagios asintomáticos o con sintomatologías leves y procurando hacer el menor daño colateral sobre la economía y el bienestar social, que a su vez son factores determinantes del mismo nivel de salud de toda la población. Para lograr esto, hay que ir a la naturaleza de la enfermedad y voy a describir aspectos naturales que ya sabemos de la enfermedad y que nos dan los pasos de intervención ponderados, que creo son correctos.

Lo primero es que esta es una enfermedad respiratoria altamente contagiosa. Por lo tanto medidas de pedagogía ciudadanas sobre higiene personal, sobre prevención son básicas y efectivas. El distanciamiento social, en el sentido de  evitar las aglomeraciones y tener un poco de distancia con las personas ayuda, como también ayudan muchísimo el lavado de manos, el no tocarse la cara, el usar una mascarilla, y el taparnos la boca cuando tenemos sintomatología gripal.

Lo segundo es que es una enfermedad que concentra su severidad en unos segmentos muy específicos de la población. Más del 90% de los muertos han estado por encima de los 65-70 años. La letalidad, que es muy bajita en personas jóvenes, puede llegar a más del 30% en los mayores de 80 años y aquellas personas que tienen enfermedades preexistentes cardio, pulmonares, renales, inmunológicas, tienen un chance, una probabilidad de morir muchísimo más alta. De manera que esta no es una enfermedad que debe asustar a toda la población en general. Es muy extraño que un menor de edad, un joven, o que un adulto joven mueran de covid, siempre los habrá pero es muy extraño. Esta segunda característica sugiere que debemos tener políticas muy específicas y precisas para proteger los segmentos de la población en riesgo. Y tercero es que la enfermedad se puede diagnosticar. Podemos diagnosticar quien la tiene, primero con una aproximación sintomática, aunque entre 20-30% son asintomáticos. Pero buscando fiebre, buscando enfermedad respiratoria y gripa, podemos empezar a encontrar precozmente los casos y tenemos la capacidad en el laboratorio para confirmar estos diagnósticos. De manera que un uso inteligente de las pruebas diagnósticas y un uso inteligente posterior de las pruebas de anticuerpos nos van a abrir los ojos sobre cómo se está moviendo el virus, donde se concentra, quienes ya lo tienen, a quienes tenemos que aislar, qué contactos tenemos que seguir, a quienes tenemos que monitorear críticamente y por último, quienes ya han pasado la enfermedad. Esa tercera característica nos lleva a un uso inteligente de las pruebas diagnósticas.

Para terminar, cada día sabemos más que debemos hacer para buscar mejorar el pronóstico de aquellos que terminan en cuidados intensivos y evitar la muerte. Esto es tan importante en la cuarta parte, fortalecer la capacidad hospitalaria, no sólo ventiladores sino el entrenamiento y la protección del personal de la salud, la disponibilidad de los medicamentos necesarios,  y por supuesto, la infraestructura para entender esta fracción minoritaria de pacientes que van a aparecer.

Un resumen de una respuesta larga: prevención con todas las medidas básicas de higiene y distanciamiento. Dos, tema fundamental de precisión en los grupos de alto riesgo. Tres, uso inteligente de las pruebas diagnósticas, y cuatro, un fortalecimiento de la capacidad asistencial médica.

IC: Desde su conocimiento del sistema público de salud Colombiano, ¿cuáles son las regiones más vulnerables? ¿Porqué?

JPU: Yo diría que todas son vulnerables. Si una ciudad como Nueva York, si un país como Francia, o como en Inglaterra, si la misma China se han visto sobrepasados en el momento intenso de una enfermedad respiratoria nueva, yo creo que sería irresponsable pensar que hay regiones en Colombia, o países en América Latina que tienen menos vulnerabilidad. Yo creo que somos vulnerables en todas partes. Las grandes ciudades en nuestro país y en América Latina tienen inmensas zonas de congestión poblacional con bajos ingresos y con pobre infraestructura, y altísima informalidad, alta vulnerabilidad. Al mismo tiempo, nuestras regiones adolecen  de suficiente infraestructura y personal profesional y equipamiento, para enfrentar en menor escala una nueva enfermedad. Y piensa por un segundo en comunidades indígenas aisladas, marginadas, piensa en el Chocó o en la Guajira, si hubiera una circulación masiva de este nuevo virus en esas poblaciones también generaría muchísimo dolor.

IC: ¿De los países de América Latina cuáles ha visto que están mejor preparados? ¿Por qué?

JPU: Me parece muy interesante, aunque sin cantar victoria, el esfuerzo que viene adelantando Chile. Ha hecho un uso masivo de pruebas de PCR (Reacción en Cadena de la Polimerasa) con diagnóstico inmediato. Ese uso masivo le ha permitido seguir la dinámica del virus con mucha precisión, y ha georeferenciado todas estas pruebas, lo cual le ha permitido usar medidas drásticas de distanciamiento social focalizadas o localizadas en comunes, en el área metropolitana de Santiago, o en zonas geográficas precisas del país sin cerrar al mismo tiempo todo el país. Al ir haciendo esto, de una manera más precisa, han tambien logrado contener la explosion del virus, y tener tiempo para fortalecer toda la red hospitalaria pública y privada y para sacar adelante unas medidas de estímulo y rescate económico para las pequeñas, medianas y grandes empresas, de manera que hoy Chile, no tiene un bloqueo completo, tiene un muy buen conocimiento de cómo se está moviendo el virus. Ha logrado unos resultados en la curva muy interesantes de evitar la explosión, casos siempre habrá y muertos también, pero no de una manera descontrolada y tiene una capacidad asistencial de respuesta muy interesante. De manera que yo creo que ese es un muy buen caso, y de nuevo creo que ese ejemplo, como el ejemplo de países Europeos que conoces bien, nos está mostrando particularmente para Colombia, que las medidas que se tomaron acá eran indicadas, correctas, pero que no se puede sostener indefinidamente. Van a tener que ser cambiadas, por esfuerzos muy grandes de pedagogía, de contención de grupos de riesgo, de distanciamiento social, y de un sector productivo, ojalá comprometido con los protocolos que nos permitan cuidarnos entre todos produciendo y viviendo.

IC: ¿De los países de América Latina, cuáles ha visto que están peor preparados? ¿Por qué?

JPU: Creo que el más visible, y no soy experto en él, pero sin duda alguna es Brasil. En Brasil ha habido  una permanente discusión entre una cuarentena obligada y una, digámoslo, sociedad abierta de manera cotidiana. Esto se ha traducido en un debate político, que ha generado mucha inestabilidad. Y la  no toma uniforme de medidas, ha puesto la dinámica del virus en Brasil en un camino muy preocupante. Tanto en aumento de casos y sobretodo en aumentos de muertos, a todo lo largo de su inmensa geografía. Acá hay un punto a destacar y es que nuestros países deben procurar que no haya una fragmentación en el liderazgo político, y en la respuesta que sea esto. Estas discusiones entre por ejemplo el nivel presidencial, gobernadores y alcaldes, el de tener ciudades inmensas o regiones haciendo cosas distintas y de manera individual a otras regiones del país. Yo creo que generan un inmenso riesgo para todos. Lo mejor, lo ideal, sería una respuesta articulada al interior de los países. Un punto que quiero subrayar: ojalá también una respuesta articulada y coordinada entre todos los países. Yo creo que ahí las Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud, y muchas otras organizaciones globales tienen una inmensa responsabilidad, y es que no caigamos en “sálvese quien pueda” con respuestas individuales, y aisladas, que no se hablan con las del país vecino, o con las de una economía global totalmente interconectada.

IC: Es decir la importancia de naciones solidarias.

JPU: Completamente. Sin duda aquí van a existir “breakthroughs”, avances, descubrimientos en la ciencia, tanto en el diagnóstico como en el tratamiento, y finalmente en la prevención a través de una vacuna de esta enfermedad viral. Eso es lo que todos esperamos , la historia sugiere que así debe ser.  Pero también sabemos que si los países que tienen la capacidad de lograr estas innovaciones, que nos devuelven a todos esperanza, dejan esas innovaciones en manos de mercados particulares o la capturan solo para sus poblaciones, esta tragedia en los países de ingresos medios y bajos solo crecerá, y la inequidad y desequilibrio global se va a incrementar. Me parece fundamental que desde ahora haya un compromiso de todas las naciones a ser, como tu dijiste, solidarias, compasivas, y generosas globalmente.  

IC: ¿Bajo qué escenario colapsaría el sistema de salud de Colombia? ¿Qué significa este colapso?

JPU: En nuestros países los sistemas de salud trabajan al máximo con muy poco margen. Muy poco margen en todo, en insumos, en talento humano, en camas hospitalarias, en recursos financieros. De manera que no tienen mucho oxígeno adicional. Lo que queremos es fortalecerlo al máximo, dentro de un esfuerzo realista. Lo primero y más importante es proteger al personal de la salud con todo el equipamiento que les permita trabajar seguros, con confianza. Lo segundo es poder fortalecer sin insumos críticos para una avalancha de pacientes respiratorios, ahí está la famosa preocupación por los ventiladores y las camas de cuidado intensivo, pero son muchas más cosas. Son también medicamentos, son insumos hospitalarios, son otro tipo de máquinas y de circuitos que se requieren. Lo tercero, es que estos hospitales necesitan un flujo financiero, para poder comprar esos equipos, comprar todos los consumibles, y pagarle a sus trabajadores. Hoy los hospitales, preparándose para el covid, se han vaciado de todo lo que no es covid, han suspendido toda las cirugías programables, toda consulta, y se han quedado vacíos esperando la explosion de pacientes covid. Y estar vacíos es empeorar su situación financiera, y debilitarse. De manera que acá hay una paradoja grande, nos exige medidas rápidas para fortalecer el hospital Colombiano, para que pueda hacer su mejor esfuerzo. De manera realista, yo creo que en Colombia, como un Perú, o Brasil o en Chile, llegará una o dos semanas como fueron en Wuhan, en China, o en Italia, o en Francia, o en EE.UU, o en España, donde el volumen de casos concentrados en un tiempo corto va a superar la capacidad. Pero  es fundamental que hagamos nuestro mejor esfuerzo ahí y que al otro lado de ese pico de la curva, podamos tener un personal de la salud sano, orgulloso, unos hospitales que tengan salud financiera y puedan seguir atendiendo no solo esta enfermedad, sino todas las enfermedades propias de la naturaleza humana que ahí están, al lado del covid. 

IC: ¿Desde su punto de vista cuáles son las consecuencias de mantener las fronteras abiertas, como el caso de Brasil y México?

JPU: No, yo creo que ya para mi el tema de las fronteras no es tan importante, ya todos los países tienen el virus circulando dentro. Es más yo pensaría en maneras rápidas de abrir las fronteras para muchas otras cosas buenas que pasan a través de las fronteras. Creo que ya no tiene mucho sentido ese país que quiera mantenerse aislado. Se mantiene aislado y lo que va a perder es mucho más de lo que ya va a lograr contener. Preferiría una apertura de fronteras siempre inteligente, siempre viendo que a través de ella sean más las cosas buenas que adquirimos como país que las cosas malas, y no solo enfermedad, contrabando, imigracion ilegal, tráfico humano. De manera que yo buscaría una apertura rápida, e inteligente y responsable de todas las fronteras.

IC: Cuando la vacuna esté lista, incluyendo todos los procedimientos necesarios, ¿cuánto se demorará para que sea accesible por Latinoamérica, y especialmente Colombia?

JPU: Va a ser muy importante primero probar la eficacia de la vacuna, eso es fundamental. Saber que nivel de protección o inmunidad general y en qué porcentaje de la población. Lo segundo va a ser su producción a escala, y ahora se trata de una escala mundial. El grueso de la población va a querer tener la vacuna. Hay que ver como sale. Para que eso sea real, lo tercero y fundamental, es el precio que va a determinar qué tan asequible sea particularmente para países de ingresos medios y bajos. De esas tres cosas: la eficacia de la vacuna, su escalinalidad en la producción, y su precio y acceso, va a depender cómo los países que lleguen a la vacuna, manejen temas de la relación con el sector privado, de patentes, etcétera. Y es donde creo que debería haber un compromiso global, para que todos podamos tener acceso a ella en su momento oportuno. De pronto una cosa que no te contesté antes, es que yo creo que el sector industrial y empresarial, ese sector económico activo, va a tener que comprometerse, si o si,  con las medidas efectivas contra esta enfermedad. Quiero decir, ese sector privado productivo o público productivo, va a tener que seguir reglas de higiene, de prevención, de distanciamiento, de protección, y de identificación de casos, de usos de exámenes, de aislamiento de casos, como si fueran una unidad de salud pública. Acá  debe haber un compromiso de todo el sector económico y de toda sociedad en estas cosas básicas, que reducen de manera efectiva el riesgo de una enfermedad respiratoria.

IC: ¿Finalmente, tiene algo más para añadir o que quieras decirle a la comunidad de NYU Shanghai?

JPU: Yo creo que es fundamental reconocer el esfuerzo de todos los prestadores de salud en China, que enfrentaron un enemigo desconocido. Nos han dado inmensas lecciones y conocimiento a todos los demás para prepararnos de manera que un inmenso agradecimiento. Hace poco tuve la oportunidad de oír a un grupo médico contando su esfuerzo y es increíble lo que le aportan al mundo con su experiencia.  Lo segundo, es una reflexión personal y es que yo creo que la fragilidad y la muerte son inherentes a la condición humana. Es muy importante que logremos, con responsabilidad, una respuesta intermedia, que produzca razonablemente los riesgos de esta nueva enfermedad. Pero que nos permita entender sin miedo, que tenemos que salir ahí afuera a vivir, a generar bienestar con equidad y a enfrentar no sólo ésta, sino cientos de enfermedades que nos acompañan de nuevo como seres humanos de una manera sensata y responsable. Yo espero que nuestros países encuentren ese camino intermedio, responsable que no destruya por defender la vida, que no destruya el bienestar y la vida misma.

Un agradecimiento a Juan Pablo Uribe por su tiempo durante estos momentos.

This article was written by Isabella Cuellar. Please send an email to ic1104@nyu.edu to get in touch.
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